Ao Nang: el punto de partida

Después de ruinas, templos, comidas callejeras, ciudades detenidas en el tiempo y culturas totalmente diferentes llegaba el turno de las playas.
AoNang Long Tail Boat
Ao Nang, provincia costera de Krabi, iba a ser nuestra base para relajarnos, caminar un poco menos y meternos de lleno en playas que parecen dibujadas.
 

Llegamos al aeropuerto a las 5pm, desde Siem Reap, (con escala en Bangkok) y lo primero que hicimos fue ir al único mostrador donde ofrecían traslados: 800 baths el taxi y 150 baths por persona el bus regular. Teniendo en cuenta que era un viaje corto optamos por la segunda opción. La chica que nos vendió los pasajes nos dijo que le avisemos al chofer el nombre del hotel. Hasta ahí todo perfecto, subimos al micro y hagan de cuenta que en lugar de chofer había un robot. No hubo manera de mirarlo a los ojos, respondía con un gesto de rechazo levantando la mano derecha, sólo pudimos decirle Ibis Ao Nang.

Con esa incertidumbre y todo el equipaje a cuestas nos sentamos a esperar que la suerte nos acompañe. A media hora del viaje el chofer frena en algo parecido a una estación de servicio. Con el bus detenido pero en marcha, subieron tres tipos y empezaron a bajar valijas. No entendíamos nada, sólo atinamos a bajar, volver a subir al micro nuestro equipaje y seguir el tan ansiado y ahora más urgente viaje al hotel.

Terminada la peripecia llegamos al hotel a la tarde noche donde los relámpagos iluminaban las montañas. Dejamos las cosas en la habitación, dimos una vuelta por el increíble Ibis y fuimos directo al lobby a  contratar la excursión para ir a Phi Phi, la isla paradisíaca que se hizo conocida por la película de Di Caprio. Ante la duda por la posible lluvia del día siguiente el vendedor nos aseguró que la lluvia se quedaba en la zona de las montañas.
 
 
Luego de negociar la tarifa del tour tuvimos la difícil tarea de buscar un lugar para cenar, hay decenas de lugares y personas en la calle que te invitan a conocerlos. Cheap cheap restaurante fue el elegido, excelente comida entre las que se destacan los frutos de mar y todo lo que sea a base de arroz, a precios irrisorios. Sopita y a la cama, al otro día nos esperaban las famosas Phi Phi.
 

7am arriba y otro desayuno buffet nos esperaba. Un dato curioso: no había queso, nos dijeron que el queso es extremadamente caro en el sur de Tailandia. Ahora sí! Protector solar puesto, gorra, gafas y a la camioneta que nos llevaría hasta la playa principal de Ao Nang desde donde salen las lanchas (están las sofisticadas y los tipicos botes a motor que aparecen en los imanes).

 

Decidimos hacer el típico tour de las cuatro islas. Empezamos haciendo un “avistaje” de Chicken Island, le siguió un chapuzón en Bamboo Island, donde estuvimos un buen rato para refrescarnos. Después llegaron las tremendas islas Phi Phi, lo malo es que siempre están llenas de turistas y a veces, nos contó el guía, es imposible amarrar el bote y sacarse la foto en “La playa” (Maya beach). Le siguió el almuerzo llegó justo, en Phi Phi Don. Alitas de pollo, arroz y verduras salteadas sirvieron para cargar energíaLa última visita fue Monkey Island en donde nos llevaron a hacer snorkeling.
 
No es ninguna novedad decir que una isla es más linda que otra. La diferencia, hasta en sus nombres, son las formas en sus formaciones rocosas o en su vegetación. Otro dato de color: los protectores solares que venden no superan el factor 50. Así que si sos blanquito vas a tener que recurrir al protector más seguido de lo normal.
 
 

El resto de los días seguimos una rutina: desayunar temprano, caminar las diez cuadras que separan al hotel de la playa, comprar algo para comer en la cadena de supermercados 7-eleven y tomar el bote que nos lleve a alguna paradisíaca isla: Poda, Koh Hong, y la península de Railay fueron de la partida. La más interesante: Koh Hong que tiene árboles que permiten estar un rato a la sombra y nadar entre peces de colores. A esta isla no llegan los botes regulares. Tuvimos la suerte de encontrarnos con Darlin, Karim y Alí, una familia cubano francesa con la que contratamos un bote privado. Fueron cinco días placenteros.

 

 

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