Singapur, un mundo de sensaciones. Segunda parte

Con la nostalgia de estar terminando un viaje y con las ganas de volver a Buenos Aires para contar nuevas historias, volvimos a Singapur, la última parada del viaje al sudeste asiático. Les contamos cómo fue el itinerario de los últimos dos días de viaje.

Singapur de Noche

Cortesía de DuckTour disfrutamos del Moonlight Adventure, un tour que despierta todos los sentidos.
Empezamos con una cena temprana (7pm) en Singapore Food Trail un patio de comidas al aire libre ambientando en los años ´60 con carritos donde se puede comer rico y a precios accesibles. Con 5 dólares singapurenses comimos pato braseado con arroz, una exquisitez de la comida china. También se puede conseguir comida singapurense, malaya y tailandesa.

 
 

Con la panza llena y el corazón contento subimos al micro que nos llevaría a Gardens by the Bay, una majestuosa obra de ingeniería de invernaderos hortícolas que alberga más de 250mil plantas en un espacio de 100 hectáreas. En el centro una de las atracciones principales de los jardines: las enormes flores metálicas que todos los días a las a las 19.45 y a las 20.45hs ofrecen un espectáculo gratuito de luces y sonido impresionante en donde canciones de películas clásicas iluminan al compás de la música las enormes estructuras metálicas. Lo curioso es que estos enormes “árboles” llenos de helechos y orquídeas se llenas de colores gracias a energía solar. El mensaje principal de este gran pulmón verde que tiene la ciudad, inaugurado en 2012, es el del cuidado del medio ambiente y el de la sustentabilidad. El guía hizo hincapié en lo importante de dejarle un ambiente sano a las futuras generaciones y esto lo vimos reflejado en como en un enorme pantano donde sólo había mosquitos se convirtió en uno de los emblemas de la ciudad.

 

Impactados por tanta belleza natural planificada a la perfección por la mano del hombre fuimos a pasear en barco quizás por el río más corto que hayamos navegado, el río Singapur de apenas once kilómetros de largo tiene una gran importancia histórica ya que la ciudad se erigió alrededor del río. Es allí donde creció el centro financiero. En síntesis, es un paseo atractivo que mezcla la belleza del río con la historia de Singapur y los rascacielos para terminar en Clarke Quay, cinco manzanas a orillas del río llenas de antiguos almacenes restaurados convertidos en bares. Excelente opción para ir a tomar algo y disfrutar de música en vivo.

 

Deslumbrados por las luces y la música que se impregnaba en Clarke Quay fuimos hasta Orchad Road, la calle de las grandes tiendas, desde Louis Vuitton hasta Zara, Forever21 y H&M. El paraíso para cualquier consumista promedio y el terror para las tarjetas de crédito.

Por último fuimos a Bugis Market, un mercadillo desbordado de gente donde se pueden conseguir artesanías no muy elaboradas, bebidas, juguetes y una fruta para nosotros exótica: el durian (fruta espinosa en malayo). Si volviésemos a Singapur lo pasaríamos por alto, creemos que no vale la pena con todo lo impresionante que tiene para ofrecer el país.

Business district

El segundo día fuimos hasta el Merlion, símbolo de la ciudad, y encontramos perlas de museo por el Business district, donde hay obras de arte de artistas de renombre en la calle, Botero y Dalí. Con algo de calor paramos a tomar un sandwich de helado en un carrito de la calle. Lo raro fue que el helado lo cortaron como si fuera una horma de queso y lo pusieron entre dos obleas, raro pero rico. Más frescos recorrimos el centro cívico donde están perfectamente mantenidas iglesias, catedrales y edificios históricos de la época colonial de Singapur. Algunos organismos gubernamentales se mudaron a las afueras del país.

 

Marina Bay Sands

La perla del día fue cuando fuimos al Marina Bay Sands, un complejo de edificios con tres torres hoteleras y más de 2500 habitaciones, restaurantes, un museo, centro de convenciones, atracciones, espactáculos permanentes, etc, etc, etc. Allí fuimos con ropa de caminata, las mochilas y mucha sed. Nos colamos en el ascensor y nos dimos cuenta que para usarlo teníamos que ser huéspedes del hotel, algo alejado de la realidad ya que nos alojamos en un hotel bastante más sencillo situado en el barrio Bugis. En fin, subimos, no teníamos la tarjeta del hotel y tuvimos la suerte de subir con una señora que nos vio, nos guiño el ojo y pasó la tarjeta para que subamos al piso 57 del Marina Bay.
 
 

A los chapotazos y esquivando la seguridad del hotel (obviamente nos vieron inofensivos y nos dejaron pasar) llegamos a la terraza del hotel donde hay un bar llamado Cé La Vi. Fueron las bebidas y las “rabas” más caras de nuestra vida pero créannos que valió la pena. Desde la terraza se pueden ver desde Singapur hasta Indonesia si los factores climáticos ayudan. Otra perla es la pileta que hay en la terraza del hotel…

Barrios: Chinatown y Little India

Quedaba algo de tiempo para hacer tours a la gorra por Chinatown y Little India…en donde los guías se preocuparon y ocuparon de informarnos como llegaron los primeros indios y chinos, cuales son los platos típicos, la importancia de la religión para estas étnias y como se instalaron en la multicultural Singapur, un país que este año está cumpliendo 50 años de independencia.

Finalmente, y como paradoja del destino fuimos a disfrutar de un espectáculo de agua, luces y música en la explanada del Marina Bay (show gratis, todos los días desde las 20hs). Todo terminó como comenzó, como si se tratase de una gran obra de teatro donde todo funcionó a la perfección. Perfección en el sentido del disfrute de experiencias vividas que esperamos haber podido transmitir a través del blog.

Les mandamos un afectuoso saludo desde Ramos Mejía, Buenos Aires, Argentina (ahora con un pedacito del corazón en algunos lugares del sudeste asiático…).

 

Este es un post patrocinado, por el que hemos recibido los servicios mencionados de manera gratuita. Nuestras opiniones son independientes y están basadas en nuestra percepción real sobre el servicio.

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