Dresden: Volver a empezar.

Dejamos atrás Berlín. La idea principal era ir a Praga pero decidimos hacer una parada en Dresden, una ciudad destruída durante la 2GM, y que fue reconstruída manteniendo su pintoresco estilo barroco.
 
Panorámica de Dresde
Impregnados de Berlín y con 24hs para hacer una parada intermedia entre la capital alemana y Praga hicimos casi 200kms al sur hasta llegar a Dresde, capital del estado de Sajonia. Ciudad conocida como la Florencia del Elba por su patrimonio cultural y tristemente célebre por ser arrasada durante la Segunda Guerra Mundial nos cautivó desde que llegamos.
 
Cómo llegamos? Compramos los pasajes de bus en www.busbud.com, a excelente tarifa y con un servicio impecable en cuanto a puntualidad, limpieza y servicio a bordo. Recomendamos esta plataforma que vende pasajes de varias empresas a decenas de puntos de Europa con varias opciones de precios y horarios.
 
Ahora bien, llegamos a la estación principal de Dresde y caminamos unas diez cuadras hasta el Motel One Zwinger -en Google Maps parecía menos!-, cerca del reconstruído casco histórico en el medio del barrio antiguo. Algo cansados y con frío llegamos temprano, nos registramos y solo había una habitación disponible por lo que hicimos tiempo en una cafetería cercana: café y torta de chocolate no fallan. Después del desayuno express volvimos al hotel, descansamos un rato y salimos al ruedo.
 
Lloviznaba y estaba fresco, estaba más para un partido en la Xbox que para caminar por Dresde. En circunstancias normales -con más tiempo- hubiesemos combatido la lluvía comiendo y mirándola desde un ventanal. No había tiempo que perder, empezamos por el palacio Zwingwer (1711), imponente edificio barroco que nos recibió con una violinista que con una sutileza y una calidad admirables ejecutó “O sole mio”. Imposible no dejar una colaboración. El palacio que fue un lugar reservado para grandes fiestas de las clases alta es hoy un lugar donde hay una serie de variadas exposiciones, desde cerámica hasta la Galería de Pinturas de los Maestros Antiguos que reúne obra de artistas de la talla de Tiziano, Rafael, El Greco, Rubens, entre otros.
 

 

palacio Zwingwer
 
Una de las perlas de la ciudad es “El desfile de los príncipes”, el mosaico de porcelana más grande del mundo (101 metros), formado por 24mil azulejos. Lo curioso es que sobrevivió al bombardeo de 1945. Lo cómodo es que en Altstadt (“ciudad vieja interior” en alemán) está todo cerca y se puede ir de un lugar a otro caminando.
 
Frauekirche o la iglesia -protestante- de la mujer es otro de los símbolos de la ciudad. Destruída durante la 2GM y levantada hace poco más de diez años. Otro derroche del Barroco es la Hofkirche o Catedral de la Santísima Trinidad (1738-1754). Salimos de lo religioso y caminamos hasta el Palacio Real actualmente convertido en un complejo de museos.


"El desfile de los príncipes" Dresde

 

img_1976_opt-3

Como la mayoría de las ciudades emblemáticas europeas Dresde tiene su Ópera. Arquitectónicamente imponente mezcla tres estilos: renacimiento temprano, barroco y griego clásico. Allí se estrenaron obras de Wagner y Strauss. Antes de cruzar el Elba cargamos energías gracias a las salchichas asadas y la cerveza tirada que venden en la calle. Eso sí, el choripanero con guantes de látex. Algo exagerado a nuestro entender.

 
img_7989_opt-1
 
Del otro lado del Elba se encuentra el barrio nuevo de Dresde, el Neustadt. Pasamos de ver carruajes caza turistas en la ciudad vieja a autos eléctricos en la parte nueva de la ciudad. En medio de la caminata la estatua dorada de Augusto “El fuerte” indica el camino a la nueva Dresde. Caminamos sin rumbo, sólo con el objetivo de alejarnos de la sobredosis del Barroco y nos encontramos con el Kunsthofpassage, pasaje que conecta dos calles principales en el barrio de moda. Son cinco patios de arte temáticos llenos de restaurantes, cafés, galerías y negocios. Lo que más nos llamó la atención fue la fachada de uno de los edificios, llena de tuberías que generan música cada vez que llueve.
 
img_2048_opt-1
 
 
img_6384_opt


Sabíamos que era imposible condensar un pantallazo de Dresde en 24hs. Aún así decidimos que teníamos ganas de disfrutarla, aunque sea a medias. Es la sensación de entrar en una fiesta espectacular y que te digan que se termina en un rato. Con una lista de pendientes abultada y kilómetros recorridos nos despedimos de Dresde viendo nevar desde la cafetería del hotel y esperando el taxi que nos dejaría en la terminal de buses para ir hasta Praga. Quién nos quita lo bailado?

img_2027_opt-2

 

Este es un post patrocinado, por el que hemos recibido los servicios mencionados de manera gratuita. Nuestras opiniones son independientes y están basadas en nuestra percepción real sobre el servicio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *