El Recodo del Danubio

Nos alejamos un poco de Budapest para meternos en Esztergom, Visegrád y Szentendre, parece la delantera de la selección de fútbol de Hungría pero no lo es, son las ciudades que integran el recorrido “El recodo del Danubio”, imprescindible para admirar la arquitectura y naturaleza húngaras y seguir sorprendiéndose con uno de los ríos más bellos del planeta y la atmósfera que genera a su paso: el Danubio.
A la hora pactada estaba Blas nuestro guía y chofer durante el recorrido organizado por Cityrama. De sonrisa permanente, con un humor a flor de piel este húngaro picaresco nos llevó de paseo y nos divirtió con sus anécdotas. Nuestros compañeros de aventuras fueron una pareja de españoles. Él fanático de la bebida cola más famosa “obligó” a que realicemos la primera parada en un supermercado para comprar una lata de Coca Cola hecha en Eslovaquia. Ella una mujer paciente y enamorada. Cuidadoso de su nueva pieza museística cuando le pedimos verla la mostró a una distancia considerable. Allí arremetió Blas y nos ofreció probar la Kofola, la “competencia” de la Coca que hacen los vecinos checos. Tomarla es sólo para valientes. Obviamente, no accedimos.

Esztergom

Después de un corto viaje llegamos a Esztergom. Rodeada de colinas es la primera ciudad del recorrido, localizada a 50 kms al norte de Budapest y a orillas del Danubio en la frontera con Eslovaquia. Cuenta con poco menos de 30mil habitantes y fue importante en la historia húngara: fue la primera capital de Hungría y allí coronaron en el año 1000 a su primer rey, Esteban I.

Es visita obligada la catedral más grande de Hungría de 118 metros de largo por 48 de ancho y una gran cúpula de 33 metros de diámetro. Además es lugar de sepultura del famoso cardenal József Mindszenty, tapa de la revista Time de febrero de 1949. Fue símbolo de la resistencia del pueblo a los regímenes nacionalsocialista y socialista. Después cruzamos el río hacia Eslovaquia donde disfrutamos de una vista increíble de la Basílica y de paso “conocimos” en tiempo récord otro país.

Basílica de Esztergom

Visegrad

Después de bordear Esztergom arribamos a la pequeña localidad de Visegrad. Es realmente chica ya que tiene una superficie de 33km2. Residencia de verano de los reyes húngaros en el siglo XIV y famosa por la fortaleza que se asienta en lo alto de una montaña, desde la cual se divisan las dos márgenes del Danubio. Visegrad desempeñó un importante papel en la defensa y en el devenir de la historia de Hungría. Fue aquí el siglo XIV donde se reunieron los reyes de los Reinos de Hungría, Polonia y Bohemia para hacerle frente a la dinastía de los Habsburgo.

Visegrad

En otra parada técnica llegamos al hotel Sirály para almorzar en su elegante restaurant. Pedimos goulash y risotto. Luego de probar el primer bocado de goulash miré a Rodri, mi hermano, él me iba a entender –no toleramos la comida muy picante-. No había agua que apague ese fuego. A la gente de la cocina se les había aflojado el pimentero: un goulash perfectamente servido que había resultado incomible. Nos quejamos y el mozo le llevó a nuestro guía el plato para que lo probara para ver si efectivamente estaba picante. Una suerte de MasterChef raro. En síntesis, nos arreglaron con postre sin cargo.

Camino arriba y luego de deslumbrarnos con un bosque de un verde fosforescente llegamos a lo alto del monte del valle del Danubio donde, sin dudas, tuvimos las mejores vistas de todo el recorrido. Además de su panorámica Visegrad tiene la ciudadela, y los restos del palacio de Matías Corvino como atractivos turísticos.

Szentendre

Siempre con el Danubio como protagonista llegamos a la ciudad barroca y bohemia de Szentendre, construida sobre bases medievales a la llaman ‘Pueblo de Artistas’ o ‘Ciudad de Pintores’. Luego de una breve explicación de Blas y café mediante tuvimos tiempo para recorrer el centro histórico, sus pequeñas casas color pastel  y pasear por las angostas calles empedradas. En la Plaza Mayor en el centro de la ciudad hay una hermosa cruz barroca levantada en 1763 por los comerciantes serbios en agradecimiento a Dios por haber protegido la ciudad de la peste. Ya saben, si van a Budapest agréguenle un día al itinerario: el tour de ocho horas por el Recodo del Danubio realmente vale la pena.


 

 

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