Barcelona sin filas: lugares imperdibles contra la turismofobia

En una ciudad que sufre oleadas de turistas que van en contra del bienestar de los locales te contamos cuales son los imperdibles de Barcelona, que hacer y ver, sin sacrificar horas en largas filas y sin “fastidiar” a los barceloneses.

Mi primer contacto con Barcelona fue hace 25 años en la casa de mis viejos. Estaba tirado en la cama cuando mi papá me acerca una revista sobre las olimpíadas de Barcelona 92, donde Jordan, Magic Johnson y su Dream Team junto a Carl Lewis eran las figuras indiscutidas. Y si a lo deportivo le agregamos la canción oficial hecha por Monserrat Caballé y Freddie Mercury se nos termina de erizar la piel. Recuerdo que la revista la deglutí en una noche y veía a Barcelona como un lugar lejano, mágico e imponente.

Veinticinco años después llegamos con Ale a Poblenou –donde nos alojamos-, un barrio del distrito de Sant Martí de Barcelona, que antes de las Olimpíadas era una zona industrial y algo abandonado. Allí hay vecinos que cuelgan carteles con los anillos olímpicos, principal motivo de la transformación del barrio en 1992. Además de la ola nostálgica nos cruzamos con personas que celebran la Fiesta Mayor con escenarios en medio de la calle, juegos tipo kermese, y grandes comidas al aire libre con las parrillas como protagonistas: el barrio está de fiesta.

Para movernos usamos el Bus Turístico oficial “Barcelona Bus Turistic” que tiene tres rutas: una azul, una roja y una verde que conectan la ciudad a través de 45 paradas y 5 puntos de conexión entre los diferentes recorridos, y todo con un solo ticket. Además, tiene audioguía que se disfruta arriba del piso del bus mientras el viento te pega en la cara.

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Barcelona Bus Turistic

Si hablamos de la Sagrada Familia no importa la hora, el día de la semana o el clima, siempre hay cientos de turistas esperando para entrar, por lo menos diez buses turísticos en la puerta, docenas de personas intentando que entre la Sagrada Familia en la foto -misión difícil-, y vendedores ambulantes. Por la multitud es como una especie de Fontana Di Trevi pero con forma de iglesia. Obviamente, no pudimos escapar a la fiebre selfie.

Es en ese momento donde entendemos la turismofobia, la alergia que le tienen algunos vecinos al sistema que lleva a ola de turistas a saturar puntos emblemáticos de la ciudad. Mientras tanto las calles principales están repletas de personas con banderas amarillas, rojas y azules, familias enteras que festejan el día de Cataluña, y son varios los que preparan el terreno para el referendo del 1 de octubre. Muchos van en dirección a Plaza Cataluña donde se mezclan los festejos con el pedido de independencia.

Una casa viviente

Solo a diez cuadras de la Sagrada Familia cambia el panorama multitudinario, y sobre la Avenida Diagonal al 400 se levanta la Casa de las PuntasCasa de les Punxes, un edificio de 1905 diseñado por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch quien se inspiró en un castillo de Baviera, Alemania. Dentro de la casa disfrutamos de una de las visitas guiadas más recomendadas de la ciudad donde cobra vida la leyenda del dragón y Sant Jordi, además de conocer las partes más emblemáticas del edificio y recorrer la trayectoria de este arquitecto gigante del Modernismo catalán.

Dragones en tres dimensiones, pisos donde aparecen hojas otoñales, efectos especiales en espejos, y puertas que abren y cierran solas hacen que esta experiencia sobrepase las expectativas. La particularidad de la audioguía es que se activa a medida que nos movemos a diferencia de la audioguía manual de muchos museos.

La Casa de les Punxes por dentro

Lo curioso es que estamos solos al momento de hacer la visita. Nos daban ganas de ir a la puerta de la Sagrada Familia a decirle a la gente: “¡Vengan a la Casa de les Punxes, no pierdan tiempo!” Hay dos tipos de visitas, la que es con audioguia que sale 12,50 euros y la visita guiada que sale 20 euros. Atención: hablamos de aprovechar el tiempo al máximo, nadie duda del legado de Gaudí.

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La plenitud del Modernismo catalán

También cerca de la maravilla de Gaudí se encuentra el Sant Pau Recinto modernista que fue sede del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau desde 1916 hasta 2009. Esta perla ideada por Lluís Domènech i Montaner, arquitecto ilustre de Barcelona, se construyó entre 1905 y 1930. “Visitar Sant Pau es adentrarse en la plenitud del modernismo y en la historia de una de las instituciones hospitalarias más antiguas de Europa”, dice un gran cartel en la puerta de entrada.

Sin dudas este gran conjunto de edificios comunicados entre sí a través de una red de túneles y jardines que tenían el objetivo de brindarle mayor confort a los enfermos fue una innovación de la época en lo que respecta a innovaciones hospitalarias.

Una vez que en 2009 se trasladaron todos los pacientes al nuevo hospital comenzó un proceso de transformación en sus pabellones por el que caminan no más de diez personas en un espacio enorme que hace que parezca aún más grande. Recomendamos el Pabellón Sant Salvador, el primero en recibir pacientes en 1916 donde se expone la historia del Sant Pau y de su arquitecto. 

También está bueno detenerse en las cerámicas y esculturas que muestran opuestos como la salud, la enfermedad, el bien y el mal, presentes en ángeles y gárgolas. Otro de los imperdibles del Sant Pau son sus jardines donde después de una feroz caminata sirven para recrear la vista y sentarse a la sombra de algunos de sus árboles. La entrada sale 13 euros. 

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La única sala de conciertos declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO

Después de tomar unas cervezas por dos euros cerca del Arco del Triunfo, en el Parque de la Ciudatella, donde se instalaron varios escenarios –nos perdimos a Jarabe de Palo- fuimos hasta el Palau de la Música Catalana, construido entre 1905 y 1908, parece mentira que tremenda obra solo haya demorado tres años, por el arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner. 

El edificio está ubicado en el barrio de Sant Pere, una de las zonas más pintorescas de Barcelona y recomendable si se quiere escapar de la marea de gente que hay en el Barrio Gótico. Nos perdimos entre cientos de cerámicas, cristales y esculturas, nunca es suficiente para el modernismo catalán. La entrada sale 18 euros y la podés comprar haciendo click aquí.

El primer edificio de hierro de Barcelona

Ahora, para entender parte de la historia de Barcelona y el espíritu nacionalista de los catalanes, y aprovechando el día de las fiestas en la que los museos son gratuitos y por lo general extienden sus horarios fuimos hasta el Centro Cultural Born, que si bien albergaba al antiguo mercado del Born de 1876, el Centro Cultural tiene solo cuatro años.

Lo interesante de este lugar es que conserva en su interior el yacimiento arqueológico de las casas de esta parte del barrio de la Ribera de la Barcelona del 1700. Esto nos recuerda al concepto que utilizó un museo de Atenas donde se preserva un yacimiento arqueológico y se expone como parte del recorrido.

Además, a través de mapas, videos e infografías se recuerdan los hechos de la Guerra de Sucesión y del sitio de 1714, y las consecuencias que tuvieron para Barcelona y Cataluña. Hubo un video que nos llamó la atención y es el de un español que trabajó en el mercado hace algunas décadas y recuerda de memoria los números de los puestos y quienes eran sus dueños. Así es puesto a prueba una y otra vez. Lo único malo de este espacio cultural es que hay explicaciones que están solo en catalán.

En una ciudad tan diversa hay algo monotemático que fluye en el ecosistema ya que el único tema de conversación es el pedido de independencia. Así, en bares, medios de transporte o simplemente dando vueltas por el Gótico lo único que se escucha son debates acalorados y enérgicos. Una señora se queja con otra porque los policías y los jueces que manda el Estado español no saben catalán, “es inadmisible”, dice moviendo los brazos de un lado a otro, un chico le comenta a una amiga en el metro que es necesaria la independencia de Cataluña, la chica disiente.

Bellota es más que un dibujo animado

Esto no tiene nada que ver con las chicas superpoderosas, aclaro que somos de una generación anterior a estos dibujos, antes de que nos salgan a pegar en los tobillos. Las patas de jamón son uno de los orgullos de los españoles y llegar hasta Barcelona e irse sin probar el jamón ibérico o el de bellota es un pecado. 

Entonces, otra de las paradas obligadas es ir al local de Jamón Experience y probar siete variedades de jamón con una rica copa de vino de La Rioja.

El circuito está perfectamente pensado, primero se aprende acerca de los diferentes tipos de jamón, como se crían los chanchos, qué comen y cuánto tarda su proceso de elaboración. En un momento de la parte multimedia aparecieron unos chanchos de la nada que nos hicieron mucha gracia.

Momias y faraones

Jordi Clos es un empresario español, dueño de una cadena hotelera. Su admiración por el Antiguo Egipto lo hizo un coleccionista incansable. Cuentan que en el Hotel Claris, donde había parte de su colección, la fila para entrar al hotel daba la vuelta a la esquina de la calle Valencia.

“La fascinación por la civilización egipcia me persigue desde que era un escolar; atraído por sus misterios he pasado muchas horas leyendo libros y documentos, he viajado innumerables veces a aquel país, y gracias a su influencia he vivido alguno de los momentos más felices de mi vida”, dice Clos.

Este fue uno de los imperdibles que agregamos al final de la lista porque al haber estado en Egipto nos hacía pensar que todo lo relacionado al mundo egipcio fuera de su lugar natural iba a quedar chico. El Museo Egipcio de Barcelona transmite la pasión de Clos, un fanático que pudo materializar su pasión y sacarla de sus hoteles para mostrarla al público. Ahora, también en Barcelona se pueden descubrir los secretos de Tutankhamón, ver una exposición sobre animales sagrados o participar de un taller sobre momias y sarcófagos.

Vestigios romanos en Barcelona

Después de caminar por el Barrio Gótico, un cartel nos invita a entrar: “Temple Roma D´August”. Allí, en un local del Centro Excursionistas de Catalunia -Carrer del Paradís 10-, se encuentran cuatro enormes columnas romanas procedentes del Templo de Augusto -s. I a C-.  

Para completar la experiencia de lo que fue la Ruta romana recomendamos el Museo de Historia de Barcelona Plaza del Rey– donde se puede caminar por los yacimientos arqueológicos de antiguas calles de la Barcelona romana. Allí se contemplan talleres donde se lavaba y teñía ropa, una instalación donde se producía vino, la iglesia Barcino y un recinto donde se salaba el pescado.

Picasso antes y durante el Cubismo

Sin dudas Barcelona y Picasso se entremezclan.  Allí vivió y tuvo sus primeros talleres Pablo Picasso, estudió en la Llotja, y diseñó el célebre menú del bar Els Quatre Gats –Carrer de Montsió 3-.

Más de 4mil obras son parte del museo donde se destacan grabados, la serie completa de Las Meninas -homenaje a Velázquez- y la mayor cantidad de obras de su etapa de formación. Algo que no sabíamos es que el Museo fue creado por voluntad del propio artista en vida. Además, nos llamó la atención la obra Ciencia y Caridad -1897-, donde Picasso con sólo 15 años ya demostraba que estaba para cosas grandes. Vayan que es realmente imperdible para descubrir un poco más del genio de Picasso.

Salir de las tapas

Todos sabemos que si hablamos de Barcelona una de las comidas típicas son las tapas, con tortillas, con jamón, con pescado, tapas por todos lados. Hay otras opciones para comer rico y barato. Si están por Paseo de Gracia vayan a La ParadetaConsell de Cent 318-,a metros de Casa Batllo. Paradeta le hace honor al nombre, puesto en catalán y combina lo mejor de un puesto de mercado y un restaurante. Lo primero que hicimos fue elegir como si estuviésemos en un mercado, las rabas, la pata de pulpo, las navajas y por recomendación de la señora que nos atendió, los chipirones. Agregamos una ensalada completa para acompañar.

Acto seguido fuimos hasta el mostrador donde elegimos cerveza y una canasta de pan. Pensamos que la cerveza tirada San Miguel iba bien con los mariscos y así fue. El tercer y último paso es elegir un lugar para sentarse y esperar a que nos llamen por el número que nos dieron en el primer lugar e ir a buscar la comida.

Precio promedio: 15 euros por persona. También tienen locales cerca de Sagrada Familia, el Born, Sants y Meridiana.  

Para la noche, frente a la playa en medio de Barceloneta, la mejor paella de toda la ciudad y probablemente de las mejores del planeta, se comen en SalamancaCarrer de l’Almirall Cervera, 34-.

Salamanca
La receta de la auténtica paella de Barcelona

Dentro del restaurante hay paredes enteras cubiertas con fotos de Silvestre, el dueño de la Salamanca, junto a famosos, muchos muebles antiguos de madera y mesas y sillas a tono. Con unos 25 grados dudamos en comer paella, a lo que el mozo dijo: “Van a transpirar pero va a ser la mejor paella de sus vidas”. Aceptamos el reto, tomamos una bocanada de aire fresco y cuidamos el oxígeno como si estuviésemos en la altura de La Paz.

Paella de La Salamanca

La paella parece sacada de una foto de un libro de gastronomía, el señor que nos atiende lo sabe y ofrece sacarnos una foto. El trato del mozo hace que te sientas como en casa, está en los detalles como reponer servilletas húmedas a cada momento.

En la mesa de al lado un señor español con dos amigos suecos piden gambas al ajillo que terminan con un café con leche y una medida de whisky. Raro.

Para después de una dura caminata hay una pastelería para cargar energías: Santa ClaraCarrer Libreteria 21-. La mejor pastelería catalana desde hace más de 60 años. Y si en el medio del viaje te agarra nostalgia El Tío Che te da una mano y te acaricia el alma con un helado de dulce de leche que nada le envidia al helado de Buenos Aires. El secreto: usan dulce de leche San Ignacio. Dónde? Rambla del Poblenou 44. 

Barcelona vibra, no es una ciudad más, está destinada a quedar en la historia. Solo esperamos que no pasen veinticinco años para volver a disfrutarla.

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