Todo gira alrededor del Monte Fuji

Un día con el Fujisan: el punto más alto de Japón y uno de sus símbolos contemplado desde una aldea ninja, lagos, un parque y hasta un supermercado. Les contamos todo de esta imperdible excursión de un día para disfrutar del Monte Fuji al máximo.

Desde Shinagawa, Tokio, tomamos el famoso tren bala -shinkansen- hasta Mishima donde nos espera Rafaela, una argentina de 32 años que hace 20 emigró con su familia a Japón. Con la tonada misionera intacta nos
cuenta que su madre es japonesa y su padre argentino, y que no fue fácil adaptarse a Japón y su cultura. “Me llevó años aprender el idioma que no es sencillo, pero tampoco imposible”. Está algo fresco y al costado del camino aún quedan algunos montículos de nieve a medio derretir.

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Rafaela nos cuenta que a fines de agosto cuando el calor es insoportable los japoneses eligen las montañas para escapar de las grandes ciudades, que muchos tienen una semana de vacaciones y si quieren dos tienen que pedirlo con medio año de anticipación. Rafa tiene tres hijos y además de ofrecer tours por los alrededores del Monte Fuji y Hakone también trabaja en el control de calidad de una fábrica de autopartes. Además, hace empanadas, milanesas y tortas. Una argentina todoterreno en Shizuoka ken Shimizu Cho, a pocos kilómetros del Fuji, donde vive.

Con ella nos subimos a una minivan Toyota, blanca e inmaculada, y empezamos el paseo. Esto de encontrarse con una compatriota en la otra punta del mundo y que te cuente en tu idioma cómo se vive a 18mil km de Buenos Aires es invaluable. Rafa nos dice que uno de sus hermanos volvió a Argentina porque no se adaptó al país del sol naciente. No todo es color de rosas, pensamos.

Lago de Yamanashi ken

Una hora en auto nos separa de Yamanashi ken, el lugar donde menos llueve en todo Japón, el primer punto del paseo es la aldea Yamanakako -bien en el centro de Japón- cuyo lago, del mismo nombre tiene una de las mejores vistas de frente al monte Fuji. Al costado algunas hosterías y hoteles, y una calle por donde pasan pocos autos. Caminamos por un sendero de madera que bordea el lago mientras buscamos una foto que inmortalice el momento. Una nube tapa parte del pico del volcán de perfecta simetría, y esa necesidad de verlo con
claridad absoluta nos invade. Lo incompleto nos da sed, es tiempo de una Fanta melón, una rareza que se parece a la Inka Cola peruana.

Aldea ninja de Oshino Hakkai

Si hablamos de Japón aparecen los ninjas, y lo primero que nos viene a la cabeza es un recuerdo de la infancia y cuatro tortugas con nombres de pintores italianos que tienen a una rata de maestro o sensei. En el segundo punto del tour, vivían ninjas de verdad, nada de tortugas y esas boludeces. Así es que llegamos a una aldea rural llamada Iyashi no Sato que en 1966 fue arrasada por un tifón. Hasta ahí todo mal, el tema es que en 2006 sus casas tradicionales con techos de paja fueron reconstruidas y esto dio paso a un museo a cielo abierto. Desde allí, a orillas del lago Saiko, con suerte y tiempo a favor se puede ver el monte Fuji en un escenario de novela. Rafa nos cuenta que hay personas que se instalan varios días para ver el monte sin nube alguna, como en la película “Cerezos en flor”. Respiramos profundo y pensamos que la obsesión por verlo “limpio” es algo compartido.

Caminar por esta aldea es detenerse en el tiempo y viajar a la era Showa, al Japón de las tierras feudales, rodeadas de vegetación espesa. Lo más interesante es entrar a las casas ninjas, descalzarse, meterse en las habitaciones y ver ropa, muebles y artefactos de la época. Además, hay ocho estanques con aguas cristalinas del deshielo del Fuji que son imperdibles. Nota: no vimos estrellitas ninjas, sí algunos sables. El dato gastronómico: es aquí donde disfrutamos de la mejor sopa con verduras, fideos gruesos y varios tipos de hongos por algo así como 900 yenes (9 dólares). Una delicia la sopa Udon con hongos. El restaurante se llama Meisen soba y está a metros de los estanques.

Udon con hongos
Udon con hongos

Es época de florecimiento de cerezos y los japoneses lo saben, tanto que el dibujo de estas flores llega hasta las latas de cerveza Asahi. En los supermercados la flor del cerezo y el Monte Fuji mandan en envases de lo que sea. Una curiosidad: venden aire fresco del Fuji en lata.

Asahi en su version Sakura

El santuario con la torii más alta de Japón

Todo pasa por el Monte Fuji y la religión no es la excepción. “Siempre que pasamos de lo profano a lo sagrado hacemos una reverencia y entramos del lado derecho y salimos por el izquierdo, nunca por el medio”, nos dice Rafaela mientras caminamos rumbo al santuario Kitaguchi Hongū Fuji Sengen Jinja, conocido por tener la puerta Torii de madera más alta de Japón con 18 metros. Lo loco es que cada 60 años debe ser modificada para que sea cada vez más alta.

Entrada al Santuario

Antes de llegar a la Torii del santuario, construido para proteger a los pobladores locales de las erupciones del famoso volcán, atravesamos un camino lleno de faroles de piedra junto a enormes cedros, algo que con un poco menos de luz es digno de una película de terror nipona. Desde fines de julio hasta principios de septiembre, época en la que se puede escalar el Monte, aventureros van al santuario a pedirle protección a la princesa Konohanano Sakuyahime, diosa asociada al Fuji.  En determinado punto del ascenso el olor a gas es tan fuerte que venden botellas de oxígeno para seguir cuesta arriba.

Las cuevas de hielo y viento y el monte de los suicidios.

Hace más de trescientos de años que el Fuji no erupciona y la última vez que lo hizo fue tan violento que la lava marcó el terreno de la zona de los cinco lagos que lo rodean. Es allí donde vamos, a las cuevas formadas por la erupción del Fuji. La primera es la Cueva del Viento donde antes de entrar hay que ponerse un casco. Aquí, las escaleras son tan resbaladizas que hay que estar atento, es como estar dentro de una heladera, de hecho, a principios del siglo XIX la usaban como almacén natural debido a sus bajas temperaturas.

A metros de las cuevas, en la Prefectura de Yamanashi, al noroeste de la base del monte Fuji se encuentra Aokigahara Jukai, conocido como el mar de árboles o el bosque de los suicidios que cobró relevancia porque un famoso youtuber se metió en el bosque y mostró un cuerpo colgado, un salame que con tal de sumar seguidores hizo cualquier cosa.

Al entrar al bosque encantado un cartel genera escalofríos: “Su vida es un regalo precioso de sus padres. Por favor, piense en ellos, en sus hermanos e hijos…”. Al final del cartel hay un teléfono de prevención del suicidio. En este frondoso bosque de un verde fluorescente y enormes árboles, la policía entra una vez por año a sacar un promedio de cincuenta cuerpos. Uno de los indicios de las personas que entran y no salen son los autos que quedan en el estacionamiento sin nadie que los reclame.

Antes de emprender la caminata Rafa dice que ella nos espera a la salida. Lo primero que se nos vino a la cabeza era ver si nos cruzábamos con algo poco agradable o si nos perdíamos. Media hora después de escuchar solo nuestros pasos y seguir algunos carteles llegamos al objetivo: atravesar el bosque para llegar a la Cueva de Hielo.

Ya dentro de Cueva de Hielo, algo más interesante y fría que la primera, seguimos un camino circular no muy extenso, pero algo incómodo por los techos bajos y pisos resbaladizos. Hace 150 años aquí guardaban barras de hielo todo el año. Importante: sin los cascos nos hubiésemos roto la capocha.

La postal infaltable: La pagoda de 26 metros con El Monte Fuji de fondo.

“Lo mejor lo dejamos para el final”, dice Rafa, mientras vamos a Fujiyoshida, más precisamente al parque Arakurayama Sengen, donde está uno de los símbolos de Japón, una de las fotos que aparecen en las agencias de viajes: la pagoda Chureito, una pagoda roja de cinco pisos que está emplazada frente al Monte Fuji.

Doscientos escalones nos separan del mirador de la ciudad, claro que a mitad de camino está el lugar obligado para la foto con la pagoda de 26 metros de alto y el Fuji de fondo. Hicimos mal en no comprar oxígeno enlatado, pensamos.

Pasaron casi diez horas desde que empezamos la travesía, son las ocho de la noche y estamos extasiados, agotados y felices. Nos despedimos con un abrazo de Rafa y subimos al shinkansen en modo ciudad para seguir el disfrute. A dos horas de Tokio, tan lejos de casa y tan cerca.

Si quieren contactar a Rafa para recorrer el Monte Fuji o Hakone, pueden mandarle un whatsapp o un mail a:

Whatsapp: +81 901232846

E-mail: contacto@turismotriunfo.com

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