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Aix en Provence: una señora elegante

Aix en Provence: una señora elegante

Después de un breve pero intenso paso por Avignon llegamos en tren a Aix en Provence, sur de Francia. Aquí abundan las plazas, parques, fuentes, casas señoriales y museos. Qué hacer en Aix en Provence en 24h.

Para llegar desde la estación de tren TGV hasta el centro tomamos el bus 40 hacia el centro de Aix y luego caminamos unas diez cuadras. En la recepción del hotel no encuentran nuestra reserva, algo que nos preocupa por la cantidad de personas que hay en la ciudad, es decir si no hay reserva va a ser complicado conseguir alojamiento a buen precio.

Llegamos a Aix-en-Provence desde Avignon! Les recomendamos que lean el post «Avignon es mucho más que una canción infantil»!

Es evidente que nadie se quiere perder los días de Patrimonio en Aix en Provence. Diez minutos después aparece nuestra reserva, respiramos, dejamos las valijas en la habitación del Hotel de France y salimos a patear la calle.

A metros del hotel, el Cours Mirabeau, un boulevard de poco más de 400m de largo que condensa el espíritu de la ciudad, frondosos árboles de plátanos se entrecruzan para techar de verde el lugar. A un costado nos topamos con uno de los lugares que frecuentaba Cézanne, el café Les Deux Garçons, uno de los muchos cafés con historia de la ciudad. Seguimos hasta la plaza Richelme -nada que ver con Juan Román- donde todos los días de la semana se levanta un mercado donde docenas de coloridos puestos ofrecen frutas, quesos, flores, embutidos, panes y verduras a precios populares. Por tres euros nos llevamos una bandeja llena de frutillas para comer por el camino. Casi le ganan a las frutillas griegas que siguen en primer lugar.

En la ciudad de las mil fuentes queríamos ir a la más linda. Por eso caminamos hasta la Plaza d´Albertas, donde cuenta la historia que en el siglo XVIII el marqués d´Albertas podrido de que la fachada de su casa esté a la sombra compró y demolió todos los edificios que había enfrente para construir esta plaza hermosa. Los palacetes que rodean la plaza y la fuente no tienen desperdicio. Ojo, la fuente de los delfines no se queda atrás pero este monumento histórico se roba las miradas. Atravesamos el mercado hasta llegar a la Plaza del Ayuntamiento, donde se destaca la Torre del Reloj Astronómico, todo enmarcado con la luz primaveral de la Provenza, un cielo azul profundo y una pareja de recién casados que de la mano esquiva a locales y turistas mientras los sigue un fotógrafo. Luego, a metros de la Catedral de Saint Sauveur en el antiguo hotel d’Estienne de Saint-Jean, se encuentra el Museo de Historia y Patrimonio de Aix: muebles raros como el gabinete lacado Queen Ann, pinturas de las ceremonias, los juegos y las antiguas festividades, títeres del viejo pesebre y miniaturas de maestros artesanos locales hacen de este museo imprescindible si se quiere conocer el arte local más allá de los pintores famosos.

Llegamos para los días de Patrimonio a mediados de septiembre del 2017 donde museos y distintos lugares de interés abren sus puertas sin cobrar entrada. Lo interesante es que en estos días suele haber más ofertas culturales y extienden los horarios, aunque lo no tan copado es que se multiplican la cantidad de visitantes. Solo hay que armarse de paciencia.

Es inevitable caminar por Aix en Provence y no sentirse en un cuadro pintado al óleo, sus callecitas, sus fuentes y sus edificios barrocos pintados con colores pasteles. Ahora, hablemos del hombre y del nombre que merecidamente inunda la ciudad. Picasso lo definió como “el padre de todos nosotros”, sentó las bases del cubismo, en Aix en Provence se puede sentir su presencia, caminar por donde él lo hizo, visitar su atelier donde pintó desde 1902 hasta 1906, ver su material de trabajo, sus muebles y sus obras. Sin dudas Paul Cézanne es el hijo predilecto de la ciudad y nadie puede pasar por la comarca sin pasar por su atelier y los lugares que lo marcaron.

Es así, que llegamos a su lugar de trabajo e inspiración y el cupo para entrar estaba lleno, no pueden entran más de 25 personas por visita porque el lugar es reducido. La señora que nos atendió pidió que regresemos en dos horas, el tema es que hacíamos sin alejarnos demasiado de un lugar que queda a unos 3 km del centro.

Cuesta arriba y sin lugares para comer cerca u otro museos -el único local por el que pasamos en ese recorrido fue una peluquería- seguimos los pasos de Cézanne y fuimos hasta la Terraza de los Pintores.

¿Cómo llegamos a la Terraza de los Pintores?

Tomamos el camino de Marguerite, unos 20 minutos a pie al norte del taller de Cézanne, subimos la Avenida Paul Cézanne, pasamos la rotonda del portal de ¿adivinen de quién? Sí, de Cézanne y giramos a la izquierda por las escaleras que conducen a la Terraza de los Pintores.

Lo curioso fue que en el camino no nos cruzamos con nadie, llegamos a la Terraza para ver una de las obsesiones de Cézanne: la montaña Santa Victoria. En la terraza hay 9 reproducciones de pinturas de los 44 óleos y 43 acuarelas del pintor que hay en diferentes museos del mundo. Casi nos vamos sin foto hasta que llegó un matrimonio de suizos y nos hizo el favor.

Después de contemplar una de las musas del hijo pródigo de Aix fuimos hasta su taller que está rodeado de vegetación, entramos, subimos la angosta y rechinante escalera caracol, y nos recibe una guía de pelo corto, bajita y con anteojos grandes, nos explica en francés la historia del lugar y su famoso dueño. Atención: hay guías en español pero como ese día era día del Patrimonio todos los tours eran en francés.

Ver las botellas, lienzos, algo de su ropa, frutas decorativas, y otros objetos sirvieron para teletransportarse en el tiempo y estar más cerca de Cézanne que viendo sus obras en algún museo o leyendo un libro de grandes pintores franceses. Además, disfrutamos de una exposición de Joseph Milon -1868-1947-. Ya saben, si algún día pasan por Aix no duden en ir a este magnífico lugar.

Son las cuatro de la tarde y tenemos el récord de no haber tomado transporte alguno para recorrer la ciudad, es todo a pulmón. Si bien las distancias son cortas hay momentos que sentimos el peso de llevar diez días sin parar. Creo que la motivación, el esfuerzo y el lugar hacen que saquemos fuerzas de donde sea. Así es que con con una ensalada medio pelo a cuestas llegamos a la ciudad vieja, la Ville Comptale, que con sus edificios antiguos, letreros que detentan óxido y callejuelas medio iluminadas se ganó nuestro corazón.

Después de darnos una vuelta y relajarnos por los jardines del palacio Pavillon de Vendóme y con ganas de café arribamos en Maná Espresso, una cafetería ubicada en el corazón de la ciudad. Allí un chico colombiano nos atendió algo nervioso, era su primer día de trabajo -le preguntaba todo a su compañera-. Nos contó que estaba instalado hacía ocho meses para aprender el idioma y que tenía el apoyo del hermano que vivía en Aix en Provence desde hacía cinco años. Que torta de chocolate, por favor! Crocante por fuera y esponjosa y húmeda por dentro. Ale se deleitó con un crumble de frutos rojos. Para recomendar.

Horas después de recorrer la ciudad vieja, el corazón de la ciudad y la parte más turística donde nos topamos con distintas plazas, peatonales y vecinos bailando swing con motivo de los festejos de los días del Patrimonio fuimos a cenar a Café Jeanne, Ale pidió pescado hervido con hierbas y caracoles y yo una coquelet -pollo pequeño- con papas. Sin dudas que de noche tiene su encanto. Sólo una vez disfrutar la ciudad de noche, que pena.

Nos quedaba una mañana en la ciudad y decidimos aprovecharla al máximo yendo al Museo Granet y al Centro de Arte Caumont. Fuimos tan temprano que vimos a los empleados llegar y al tipo de seguridad abrir la puerta, en fin, los primeros en la fila, atrás matrimonios de jubilados. Sin dudas somos los más jóvenes del museo, pensamos.

El Granet es considerado uno de los museos regionales más bellos de Francia. Con sus 4000m2 y más de 700 obras le rinde culto a Cézanne con una sala que exhibe diez de sus más icónicas obras. Claro, que no está solo, Rembrandt, Renoit, Monet, Van Gongh y Rubens lo acompañan.

Desde 2010 la antigua casa de los marqueses de Caumont se convirtió en espacio de arte. Este palacete del siglo XVIII es una obra de arte en sí mismo: la sala de la música, la habitación de Pauline de Caumont que hace acordar a Versailles y los salones donde actualmente funcionan un salón de té y una tienda de souvenirs. El Jardín es otro espectáculo que hace la diferencia. Como si esto fuera poco tienen una de las colecciones más bellas de Cézanne y exposiciones temporales espectaculares. Nos tocó disfrutar una del impresionista Sisley que nos dejó sin aliento.

Ahora sí, apuramos el paso porque en un rato sale el tren que nos dejará en Marsella. A veces nos preguntamos en qué lugar del mundo sería un sueño vivir, y sin dudas que Aix en Provence está en el top tres. Una delicia del sur de Francia en la que uno se siente inmerso en una obra de arte, pincelada a pincelada.

Te invitamos a leer nuestro post Cómo recorrer el sur de Francia en tren desde Barcelona para leer todos los detalles del itinerario de este viaje tan mágico!

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