Bangkok antes de ser Bangkok

Crónica de un tour en bicicleta por Bangkok que nos dejó literalmente sin aliento.

Dejando atrás Hanoi llegamos a las 11am al aeropuerto doméstico de Bangkok, el Don Mueang, donde llegan los vuelos de cabotaje y los de las low cost. Después de completar varios formularios, incluído el de la fiebre amarilla, pensamos que la mejor manera de llegar al hotel era tomar el tren local que queda saliendo del aeropuerto. En la terminal compramos los pasajes a 15 baths cada uno (0.15 usd) y esperamos el tren más de una hora con un calor agobiante, ese que no te deja pensar más que en lo que estás transpirando. Evidentemente no fue la mejor idea. El tren, con ventiladores en los techos, tuvo que hacer varias paradas técnicas.
 
Cerca de las 14hs nos bajamos en Hua Lampong, estación central de Bangkok desde donde se hacen combinaciones con otros medios de transporte. Todavía nos faltaba llegar a Khaosan Rd (la calle del arroz). El calor y el apuro hicieron que vayamos a tomar un taxi que nos quisieron cobrar 300 baths. La cuestión es que un policía nos “rescató” y nos llevó a la parada de taxi oficial. Al final el viaje nos salió 70 baths (poco más de usd 2).
 
Después de los casi 3kms que separan Hua Lampong del hotel y ver centenares de arreglos florales y gigantografías de la realeza de Tailandia llegamos al Buddy Lodge. El tour en bicicleta empezaba a las 15.30hs, teníamos el tiempo justo para llegar a Grasshopper Adventures quien gentilmente a través de William nos invitaron a participar de esta inolvidable experiencia.
 

Palida, con un nombre imposible de olvidar, nuestra guía nos resumió el recorrido y nos llevó hasta donde estaban las bicicletas. El grupo del tour estaba formado por dos chicas norteamericanas, una pareja de taiwaneses y nosotros. Con el casco puesto salimos del local y cruzamos Ratchadamneon Klang, una de las avenidas más importantes de la ciudad, desde donde se ve el monumento a la democracia y empezamos la aventura metiéndonos por verdaderas callejuelas hasta llegar a una de las paradas del ferry que bordea el río Chao Phraya, el principal de Bangkok.

Palida nos explica el recorrido
Ya del otro lado del río llegamos al templo budista chino tailandés Kalayanamit, construído en 1820 por el rey Rama III para su mejor amigo. Allí se encuentra el buda más grande de Tailandia con 15 mts de alto y 12 mts de ancho. Fue frente al buda donde Palida nos enseñó a agradecerle para luego enseñarnos un frasco con más de 20 varillas que había que agitar dejando caer uno. Cada varilla tenía un número con un significado que te mostraba el futuro, una suerte de horóscopo, que en ese contexto tenía más fuerza que el horóscopo del diario del domingo.

 

Luego de quedar fascinados por la belleza del gran buda fuimos hasta el barrio Santa Cruz, lugar donde los portugueses llegaron hace cientos de años. Allí nos paramos frente a la iglesia que lleva el mismo nombre. Una de las pocas iglesias católicas del país asiático donde el catolicismo forma parte de una de las minorías religiosas. Alrededor había decenas de chicos jugando a algo parecido a la mancha.

barrio Santa Cruz,



Era la hora de la merienda y nosotros habíamos salteado el almuerzo por la tragicómica llegada al hotel. Así que la próxima parada nos iba a salvar. No sólo la religión dejaron los portugueses, también su exquisita pastelería: después de pasar por pequeñas calles y mini puentes llegamos a Thanusingha, una pastelería que atiende una familia desde hace cinco generaciones donde hacen la khanom farang kuti jin (si se te complica pronunciarlo lo señalás y listo), una magdalena increíble que te dan para degustar junto a una copa de té helado.

 

Con energías renovadas fuimos hasta la mezquita Masjid Bang Luang, la más antigua de Bangkok y la única con estilo thai, construída con ladrillos y hormigón por tailandeses musulmanes en 1767. Su exterior está decorado con flores chinas. Lo curioso fue cuando una de las chicas norteamericanas se acercó al altar y abrió el Corán. La cara del Imán, autoridad de la mezquita, fue de asombro. Le pidió por favor que lo dejara, que era sagrado y todo en su lugar.

Mezquita con estilo Thai
Escuchando la explicación por parte del Imán

Wat Arun o templo del amanecer fue la siguiente parada. Este impresionante templo, de visita obligatoria, puede verse desde la orilla del Chao Phraya y tiene arquitectura de estilo khmer en su torre central. Lo mágico fue visitarlo al atardecer, sin cientos de turistas entre sus rincones lo que nos dejó ver los chicos tailandeses cumpliendo su ordenación temporal como monjes, la cual deben cumplir como mínimo por tres meses en toda su vida. Palida nos contó parte de la historia del templo y de su impresionante arquitectura.

 
 

Todo en el tour está bien planificado. Ya teníamos hambre de nuevo y la nueva parada tenía que ver con lo gastronómico. Visitamos a una familia descendiente de los primeros chinos que se asentaron en Siam para cenar en su casa. La verdad es que cuando uno ve la típica foto de los turistas en la casa de los lugareños no puede imaginarse lo interesante de la experiencia. La foto queda chica y a veces algo grotesca. Pollo al curry, sopa de vegetales con pollo, omelette relleno con carne de cerdo y de postre de arroz con mango fueron las exquisiteces preparadas por la familia. Nunca nos olvidaremos de esta cena mientras veíamos por la ventana de la casa las lanchas pasar por el río.

 
 
 
 
Después de la comida fuimos hasta el mercado de flores de la ciudad donde cientos de personas preparan arreglos florales como coronas, centros de mesa, ramos decorados, etc. No podíamos entender la velocidad de esas manos para hacer adornos diminutos y perfectos en tiempo récord para restaurantes, hoteles, y eventos. El mercado abre todos los días de la semana, todo el año.
 

Por último y para coronar la gran experiencia del tour fuimos al Wat Pho o templo del buda reclinado, que no pudimos ver por la hora, eran cerca de las 21hs. Lo gratificante de la experiencia fue ir al templo de noche donde la luz de la luna se reflejaba en todo el dorado de la fachada del templo. Además de poder ver con total tranquilidad las hileras de budas y las distintas posiciones del masaje tai en distintas esculturas.

 

 

Así que ya saben, si tienen pensado viajar a Asia no duden en contactar a la gente de Grasshopper Adventures. Ellos saben como combinar un paseo en bicicleta con lo más fascinante de Bangkok: sus templos, su gastronomía y como viven sus comunidades originarias y así conocer y disfrutar como fue Bangkok antes de ser Bangkok.

 Wat Pho Bangkok
 
wat pho bangkok
 
 
 
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