Qué comer en Osaka: Un post para que no te comas el verso

Osaka es la segunda ciudad más importante de Japón, después de Tokio, su capital. Al pasar primero por la abrumadora Tokio, la metrópoli más poblada del planeta, pensamos que Osaka sería más tranquila. Grave error, Osaka es tan apabullante como la capital nipona, prueba de ello es Dotonburi, el barrio donde nos alojamos. Allí hay luces de neón por todos lados, las marquesinas de los locales de comidas salen para afuera como para atrapar a los miles de caminantes. Hay algunos carteles-objetos que se destacan, como un cangrejo robótico, un brazo gigante que prepara sushi o un pez globo gigante. A eso hay que sumarle docenas de puestos callejeros donde los carteles prometen desde carne de Kobe hasta pinchos fritos de lo que sea, o un simple ramen. Las ofertas gastronómicas se multiplican desde sofisticados restaurantes con estrellas Michelin, franquicias como Starbucks o comida al paso. Este es un post para que no te mareen las luces de la ciudad y no te comas el verso.

Son las 17h y esperamos en el Starbucks Tsutaya a Taena, guía de Arigato Food Tours, nuestra llave para conocer la comida de Osaka. Al tour se suman una pareja de norteamericanos de Manhattan con su hijita. Taena, es una japonesa que vive hace dos años en Osaka y estuvo algún tiempo en Australia, lo que le permitio perfeccionar su inglés. “Vamos a comer y caminar un poco”, dice.

El primer punto del tour es uno de los símbolos de la ciudad, el Glicoman, la figura de un atleta filipino que primero se convirtio en la imagen de una empresa de productos de confitería, y luego en simbolo de Osaka. La figura de este corredor de Filipinas prometía que con sus caramelos los chicos correrían 300 mt sin despeinarse. Paramos, hacemos la foto del millón y seguimos. De fondo el canal de Dotonbori, luces por todos lados, pantallas gigantes y algunos estudiantes sobreexitados al intentar la pose de llegada a la meta de Glicoman.

Hace siglo y medio, donde estamos parados había teatros, restaurantes, casas de té y muchos motivos para que las personas se junten a pasar momentos interesantes. Hoy, solo faltan los teatros pero se sumaron cientos de carteles, tiendas enormes como HyM y Starbucks y los infaltables pachinkos, locales gigantes con máquinas tragamonedas. A cada paso la gente se multiplica en esta parafernaria que es Osaka: la niña rebelde entre la capital Tokio y la imperial Kioto.

Osaka se caracteriza por el comercio y hacen todo lo posible para que así sea, tanto que inventaron algunos muñecos mecánicos que invitan a entrar a los negocios que parecen salidos de peliculas clase B de los ’80 como el Kuidaore Tao, una especie de payaso, mitad IT mitad Harry Potter con un redoblante. Cuenta la historia que fans del Hanshin Tigers en un festejo desenfrenado por haber ganado un título tiraron al muñeco al río y desde entonces no volvieron a ganar. Algunos dicen que es el muñeco maldito que invita a comprar y a destruir tarjetas de crédito.

Muy interesante la historia del filipino, el muneco maldito, pero la comida? A eso vamos, y para ello nos metemos en los callejones de Dotonbori, escapamos de las luces hipnóticas y llegamos a una de las calles empedradas que quedan después de los ataques sufridos durante la Segunda Guerra Mundial y las remodelaciones de la ciudad. Allí todavia tiran agua en las veredas para purificar y atraer clientes. Osaka tiene sus calles ordenadas como una grilla de acuerdo con su distancia al castillo.

Otra gran caracteristica de la ciudad es tener uno de los puertos más importantes de Japon desde donde llegan productos de Corea y China y se distribuyen a todo el pais. Tan importante es el comercio para esta gente que durante mucho tiempo en lugar de preguntarse “como estás?” se preguntaban, Mokarimaka, “estás haciendo plata?”

Ahora sí, la primer parada gastronómica está dedicada al Kushi Katso, los pinchos, unos palitos con lo que se les ocurra rebozado y frito, donde nos recibe un tipo no muy amigable. Por qué el muñeco de la puerta está enojado? Es sencillo, aquí se sigue la tradición de la salsa de soja comunitaria donde está prohibido meter el pinche en la salsa dos veces. Si lo hacés sos un cavernícola que no entendiste nada porque además del muneco de la puerta te lo aclara el tipo que toma el pedido y si estás en la barra, el señor que prepara los pinches.

Un detalle es el trapo húmedo que te dan para que te limpies las manos y las hojas de repollo que sirven para hacer de puente entre la salsa de soja y los pinchos, además de tener propiedades digestivas, claro.

Nos traen una bandeja llena de pinchos, donde destacamos los de panceta, pollo, queso, tomates cherry y moche de lotus, todos se deshacen en la boca. Fue todo tan sabroso que al otro dia volvimos y probamos los pinches de hongo shiitake, hepatalgina mediante. Se recomienda acompañar toda esta fritanga con una cerveza Suntori bien fría.

El siguiente punto, luego de atravesar algunas calles adoquinadas con locales en su mayoría de madera y techos con tejas, fue dedicado a la comida callejera y por la cual los osakaenses inflan el pecho, el Takoyaki, una bolita de masa rellena de un minúsculo pulpo. Para eso tienen moldes donde tiran el engrudo y el relleno, y allí se cocinan hasta que las empiezan a girar con los palitos que en Argentina usamos para sushi y aca usan para todo.

En Japón cortan hasta un bife con los palitos, por ejemplo, algo para lo que nuestros dedos no estan preparados. Probamos con diferentes salsas, el primero tiene salsa ponzu, una especie de vinagreta de arroz y una lluvia de bonito flakes, pez seco ahumado del que hacen copos. El otro, algo más sencillo está bañado de cebollita de verdeo. En Japón la comida al paso se prepara y se consume en poco tiempo, aunque esto no significa que sea menos sofisticada que la de un restaurante. Con Michael, el norteamericano, nos miramos como diciendo, esto no es un hot dog, mister.

Con todo el protocolo que implica entrar a un restaurante japonés y después de atravesar un par de galerías -calles techadas repletas de negocios- llegamos a Sangendou donde se especializan en Sukiyaki.

Luego del paso obligatorio de las toallas húmedas, que además en los restaurantes te las dan calientes, nos acercan ollas con mecheros con los tres ingredientes que no pueden faltar en una cocina japonesa, salsa de soja, azucar y sake. En esa mezcla se empieza a cocinar lentamente la carne vacuna y distintos vegetales. Lo loco es que antes consideraban que comer carne de vaca era sucio, es decir, comían conejo, cerdo y pollo, pero no veían razón alguna para matar un animal tan grande. Hoy gracias al Sukiyake esto es diferente. Taena nos cuenta que las familias se juntan en invierno para comer dicho manjar y que la carne después de cocinada se pasa por huevo batido, para lo cual cada comensal tiene su huevo.

Una de las diferencias mas importantes que encontramos fue en la carne, en Japón es marmolada entre carne y grasa, y muy cara. Además de la carne de vaca, la fruta es un bien casi suntuoso. Dicen que si alguien te ama lo demuestra con un melón de 300 dólares. Aqui la fruta es un regalo y bastante costoso, por eso en Argentina regalamos bonobon.

Ahora es el turno del Oden, una sopa con pollo, daikon -una especie de rabanito-, un huevo cortado en dos, y planta de konnyaku, de textura gelatinosa y de sensación rara, una especie de yummy pero flotando en la sopa.

Durante la comida, charlamos de los tamaños de los departamentes en Tokio, Nueva York y Buenos Aires, siendo en Japón por la densidad poblacional que tienen -47 millones de habitantes solo en el area metropolitana- “los más pequenos, de hasta 10m2 ideal para solteros, algunos con suerte tienen departamentos de 60m2”, dice Taena. Claro que a veinte minutos de Osaka hay casas más espaciosas.

El anteúltimo punto del tour es un dato espectacular si les gustan los bares raros y algo escondidos. Por qué es un buen dato? Porque si pasan por la puerta del edificio Misono en la vida se van a imaginar que en el primer piso hay una docena de bares, uno más bizarro que otro.

Y el postre? Un pescado de masa dulce relleno de poroto rojo o de pure de batata. Ya saben, si están en Osaka no duden en contactar a nuestros amigos de Arigato Food Tours que la oferta es tan variada y la ciudad tan vibrante que no sea cosa que se metan en la puerta del león. Nosotros después del tour seguimos con mas energía y alegría que el Glicoman.

Si están interesados en hacer un tour gastronómico en Osaka puede contactarse con Arigato Japan Food Tours haciendo click aquí. Agradecemos a Taena, Erika y Jenkie por habernos mostrado la cara más rica de Osaka.

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